

Corría el 4to mes con toda su impronta otoñal y nos disponíamos a dejarnos llevar por el viento, a mecernos inciertamente por un vendaval desconocido, a pendular libremente impulsados por un hambre voraz (el que caracteriza a los perros que no comen por mucho tiempo) por el choque, por entonar una vez mas una oda al movimiento, por dejar libre a ese animal interior, a ese Nahual personal. Con las percusiones y los vientos que la tarde temprana nos otorgaba, comenzamos a entonar la melodía, 13 estrofas en total... 13 encuentros en el espacio-tiempo (que lejos de simbolizar la mala suerte, el 13 simboliza el cambio, la transformación, la transgresión al despojo, a lo sublime de no tener ataduras); 13 notas que albelgaron en sus párrafos desde arquitectos, autos convencionales, mosquitos de alguna marca de coches franceses, policías uniformados y hasta una acampada dentro de la terminal de ómnibus, de una ciudad cordobesa con el nombre de un grupo de felinos.
Luego de 33 horas de concierto llegamos al destino, pueblo mágico de punilla, San Marcos Sierra... conseguimos albergue en un lugar de camping y tomamos la cena (que habíamos recolectado mientras aun sonaba la melodía de apertura), compartimos la ronda con los demás viajeros, todo estuvo bien, y por esas singularidades pendulares que solo da el movimiento, ahí estaba Alvaro, trotamundos uruguayo, alquimista de los hilos de metal, con quien el destino ya nos había topado una vez en mi Rosario natal (esa ciudad en la que uno aparece, luego uno se esta cambiando de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, pero hay un lugar en el que nunca nadie entro por primera vez, y ese es el lugar natal), a el con su paño de objetos, a mi con el libro de Villarino bajo el brazo... indiscutiblemente, el viaje nos unía... En esa misma ronda, creí ver por primera vez a mi futuro yo, como si de algún doblamiento planar se trataba, ahí creí verlo, alguien con rasgos similares, vello facial, mirando el suelo en ocaciones, mirando a los ojos en momentos... siempre me quedare con la duda si el vio lo mismo al otro lado del fogón.
De la mano con el segundo sol, llegaron tambien las reflexiones sobre la mandarina y la separación del Yo en gajos, un almuerzo entrañable y el desplazamiento hacia las riveras de un rio con banda propia al canto de "Rio Quilpo, rio campeón", una noche con la quinoa y un posterior desayuno con te blanco y gengibre; al finalizar el día me encontraría otra vez en la plaza del pueblo, pero esta vez, sin acompañante, ya no eramos, solo era... el susurro del regreso me invadía como a un poseso y el outro de la opera comenzaba a sonar, una sinfonía con 6 movimientos se iría desenlazando a lo largo del camino, una noche en vela, un perro compañero, Aldo: el antropólogo y cultivador de semillas que iría a visitar a su madre después de un encuentro de contac en las sierras, Alejandro el uniformado que llegaría 2 horas tardes a su trabajo por los desperfectos técnicos de su automotor, y un vuelo casi directo hasta mi destino final serian algunos de los choques pendulares que solo el movimiento sabe generar.
Al llegar a mi hogar ya con el acto finalizado, 21 fueron en total las personas que prestaron su bondad y pusieron su confianza en el asiento vacío de su móvil, 21 que simboliza la unidad... y así realmente me sentía al llegar, un poco cansado, pero lleno, lleno de experiencia, lleno de encuentros, habiendo tratado de vivir en presente durante todo el trayecto y sabiendo que en parte lo había conseguido. Con los pies nuevamente en el lugar natal la pregunta surgió de repente y los dados comenzaron a bailar otra vez... cual sera el próximo destino que el Nahual interior elegirá para correr libremente???
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