




Daban nueve campanadas en el reloj anual y una propuesta hecha en julio de ese mismo año empezaba a tomar forma de posibilidad real, habían pasado solo dos meses desde aquel encuentro "fortuito" que cambiaría todo lo que restaba por venir en mi pasar (Algunos encuentros, topes, choques en determinados momentos y situaciones dan cuenta, tiempo después, que fueron realmente importantes( mas allá de los choques momentáneos y superficiales, no por desmerecer si no por su carácter de menos invasivos), son choques subcutáneos, cambian el rumbo de los trenes y desarman viga a viga los armazones de un edificio que siempre esta mutando), ella venia de alguna provincia a probar suerte con los malabares, se había encontrado un cuaderno personal con diseños de indumentaria y lo mas importante (o por lo menos lo que facilito el choque) era que gustaba de hacer fotos, llevaba una cámara a cuestas y fue la excusa perfecta para hablarnos; me contaba sobre alguna juntada de fotógrafos que se iba a hacer en la provincia de San Luis, cerca del día de la primavera, me dio un mail, una invitación y entre los vasos plásticos de vino no la volví a ver. Dos meses mas tarde, sin trabajo y con algunas fotos en la carpeta, me encontraba en el debate de ir o no, pregunte entre posibles concurrentes si sobraba algún lugar en un auto y tres días antes del equinoccio, después de pocos preparativos, a las 4 de la madrugada me encontraba acompañado, con una mochila prestada y un pasaje, esperando un tren... a Córdoba capital.... y después??? a dedo.
Casi a medio día dimos con la estación, tomamos un bus hasta Alta Gracia, paramos para almorzar y comenzamos a caminar por una carretera que se transformaba en ruta, se empinaba y se hacia sierra, dejamos las mochilas en el suelo y alzamos los pulgares. La primer media hora me encontró un tanto entre fastidioso y confundido, nunca había viajado de esa manera y no sabia que esperar, y cuando menos lo esperábamos un auto blanco se paraba a 20 metros delante con señas de luces, de pronto una energía tanto extraña se hizo monarca en mis entrañas, alegría, asombro y ganas de reír, estaba a punto de subir a mi primer auto en autostop. "A dedo en translasierra??...Ustedes están locos", fue lo primero que dijo nuestro nuevo amigo al arrancar el auto que aun tenia los nylons protectores de fabrica en los asientos, luego de charlar un rato nos enteramos de que el también había sido autostopista. Después de algunas horas y varios kilómetros nos bajamos casi en la frontera de la vecina San Luis donde sin llegar a pasar 10 minutos, otro auto acudió a nuestra señal, esta vez, una abogada que se dirigía a la ciudad de Merlo, después de las preguntas de rutina para el que anda viajando a pulgar, un silencio se hizo presente que solo se rompió cuando la conductora dijo "Yo estoy en contra de levantar gente en la ruta, ustedes son los primeros en mi vida, pero tenían tanta cara de desamparados que no me quedo otra opción". Ya entrada la noche, después de varios autos y un bus en los últimos 70km nos encontrábamos en la capital, en nuestro destino, estábamos en San Luis. Comimos una lata de picadillo y caminando llegamos a un bar donde estaban los demás viajeros que habían venido, entre ellos Gregorio Juan, Carito y Barbara, quien había sido artífice de mi invitación hacia dos meses atrás entre vinos y fotógrafos. Después de una pizza y varias cervezas la duda de donde pasaríamos la noche comenzó a rondar, Barbara saco su celular y tres tonos después entonaba un "Hola Leito! en media hora unos amigos van a dormir a tu casa, chau", tomamos las mochilas y también el ultimo bus del día hacia Juana Koslay, donde nos esperaba "Leo" que hasta ese entonces nadie sabia bien quien era ni mucho menos de donde venia. Flaquito, barbita y una de esas personas que uno agradece al Cosmos haberse topado... así es Leonardo... Leo nos recibió en su departamento con vista a las sierras diciendo que hacia varios días se habían largado unos europeos que le habían tomado por hostel la casa y sin mas preludios nos fuimos a dormir.
Lo que siguió fue una jornada cocinando panqueques para 200 personas, una fiesta en un club libanes y un día de la primavera colgando fotos que se vio atentado por la tormenta mas grande del año, una cena de ravioles y hamburguesas caseras en una casa tomada transformada en circo, telas, djembes, clavas, digeridoos y el inminente regreso a "casa".
Un auto blanco y cinco tripulantes partimos desde el pueblo de las sierras, que después de varias ciudades y algunas panaderías se redujo al numero de tres, llegando a Velez Sarfield y por cuestiones externas a nosotros nos despedimos del conductor, con quien no compartíamos sus ideas ni su forma de actuar; 6 horas mas tarde entrabamos a la ciudad que varios días antes nos había visto partir sobre las vías de un tren. Era casi de media noche, caminaba las cuadras que separa la terminal de buses y mi hogar, contemplaba el paisaje urbano y mis pensamientos... había sido un viaje iniciático, una ruptura en el correr normal de los eventos, y entre risas y regocijos comenzaba a vislumbrar lo que el nuevo porvenir se planteaba, lo que la ruta invitaba a imaginar.
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